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Mitos musicales (que no debes creer)

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Cultura

Mitos musicales (que no debes creer)

Damos por sentadas demasiadas historias relacionadas con las estrellas de la música: que si este era un pijo, que si aquel era muy activista, que si el otro no sabía tocar... Ya es hora de revisar todo eso.

Bob Dylan en la década de 1960. IMAGO IMAGES / REUTERS
Patricia Godes
03 mayo 2025 Una lectura de 7 minutos
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El reportaje ‘Mitos musicales (que no debes creer)’ se publicó originalmente en El Periscopio, el suplemento cultural de La Marea. Puedes conseguir la revista aquí o suscribirte para apoyar el periodismo independiente.

Un científico no puede ser dogmático. Si no se revisasen continuamente sus postulados, la ciencia no habría avanzado y seguirían aplicándonos sanguijuelas y whisky como anestesia en el quirófano. Menos evidente es la evolución del pensamiento. Concretamente, las revisiones de la historia levantan ampollas en varios sectores de la sociedad. Pero no hay escándalos ni reacciones violentas si nos referimos a la música popular reciente y su recepción en España. Lastrada por dificultades idiomáticas, económicas, culturales y políticas (la maldita censura), fue un proceso difícil, atípico, incluso revanchista cuando jóvenes y viejos se enfrentaban por una canción o un corte de pelo. Y sencillamente no se hacen revisiones que puedan poner en peligro un canon que tanto ha costado entender y establecer: nada más dogmático e inmovilista que nuestras crónicas y nuestra escala de valores sobre la música «moderna», «pop», «popular», «rock» y demás eufemismos que usamos para no decir «mercantilizada».

Como juego y mera invitación a investigar, he aquí una lista de sucesos y conceptos históricos que, con una mínima investigación, comienzan a tambalearse.

Industria discográfica

Se da por sentado que el rock and roll se conoció en la España reprimida de los años cincuenta a través de las emisoras de las bases americanas y los bares y clubes frecuentados por su personal. Aunque seguramente fue así para los vecinos de Rota, Zaragoza y Torrejón de Ardoz, el rock and roll estaba siendo el mayor fenómeno discográfico hasta la fecha y, por prosaico que resulte, llegó a España a través de la vía oficial: la industria discográfica. RCA editó en todos los mercados el disco más vendido en Estados Unidos de 1956, Heartbreak Hotel, de Elvis Presley. En España se incluyó en un vinilo de 45 rpm con «Cuban Rock», de Pérez Prado, «Honolulu Rock and Roll», de Eartha Kitt, y «Rock and Roll» de Kay Starr, editado en febrero de 1957 (número de catálogo 3-20153). Antes, el sello donostiarra Columbia había publicado Al compás del reloj (‘Rock Around the Clock’), de Bill Haley, en 1955 (CGE 60148, QEA 717 y 718).

Patio de colegio

Inglaterra, años sesenta. Competición entre Beatles y Rolling Stones. La historia reparte los papeles tradicionales del patio de colegio. Niños formales: los Beatles, que actúan con uniformes y graban bonitas canciones con arreglos complicados. Niños gamberros: los Stones, que echan a la papelera sus uniformes, tienen problemas de drogas, hacen bandera de aquella libertad sexual de los sesenta, etc, etc. Traducción automática: los Beatles eran burgueses y los Rolling, contestatarios. Pero, en realidad, los Beatles provenían de la orilla sur del Mersey y eran de clase trabajadora: la madre de Paul era matrona, George y John eran hijos de marinos y Ringo nació en un suburbio obrero. Aunque en su autobiografía, Stone Alone, Bill Wyman habla de su infancia en la pobreza de la triste posguerra inglesa, el hecho es que Mick Jagger estudiaba en la London School of Economics. Una mirada a su web nos mostrará cuáles son las tasas de la matrícula.

El bardo en Washington

Al otro lado del Atlántico surge un profeta contestatario, un mesías juvenil. Se llama Bob Dylan. La leyenda le regala un aura de activista comprometido y su foto cantando en la Marcha sobre Washington de Martin Luther King (1963) ha pasado a los anales. Pero Joan Baez cuenta en su autobiografía (Y una voz para cantar, Seix Barral, 1988) cómo le costó Dios y ayuda conseguir movilizar a un bardo pusilánime y nada politizado.

El bardo en Newport

La leyenda de Dylan incluye el escándalo en el festival folk de Newport, en 1965, cuando subió al escenario con una guitarra Fender acompañado por un grupo eléctrico. En Internet circula una grabación de audio con tres canciones («Maggie’s Farm», «Like a Rolling Stone» e «It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry»). Al final se escucha a Dylan excusarse porque no han ensayado ninguna más. Así pues, a pesar de lo que se ha dicho, el viejo comunista Pete Seeger no desconectó la corriente a Dylan porque, de haberlo hecho, no existiría esa grabación. Para completistas, existe un documental donde se refleja el asunto: The Other Side of the Mirror: Bob Dylan at the Newport Folk Festival (Murray Lerner, 2007).

Spector y las mujeres

Los avances técnicos hicieron cambiar radicalmente la música con figuras como Phil Spector y su wall of sound. Lo que los cronistas olvidan señalar es que sus intérpretes son siempre mujeres: Ronettes, Crystals, Darlene Love, Tina Turner o la misma Cher (que grabó coros con las Crystals), mientras Carole King, Cynthia Weil y Ellie Greenwich (con o sin maridos y letristas) escribían esas canciones inmortales.

Músicos, no mercenarios

Para generar su tremendo sonido, Spector, como los grandes y pequeños de la historia, necesitaba trabajar con músicos de sesión. El documental The Wrecking Crew! (Denny Tedesco, 2008) sirvió para demostrar la importancia de sus aportaciones en la historia musical. Lo mismo supuso A 20 pasos de la fama (Morgan Neville, 2013) para las coristas y cantantes de acompañamiento. Grandes profesionales que muchas veces han doblado, incluso sustituido a las estrellas que la industria comercializa y que son despreciados por la criticosfera española con una denominación que connota incluso cierta condena moral: mercenarios. Una triste muestra de servilismo e idolatría hacia estrellas, ídolos, figuras y figurones que desprecia el talento de estos imprescindibles trabajadores de la música. Y demuestra un desconocimiento absoluto de los procesos en el estudio de grabación.

Imagina

«Imagine» (Lennon/Ono, 1971) es una canción que suena a menudo en eventos pacifistas y se considera un himno de paz y amor universales. Pero su letra es mucho más dura: «Imagina que no existe el paraíso (…) que debajo de nosotros no está el infierno (…) Imagina que no hay países (…), nada por lo que matar o morir, ni tampoco religión (…) Imagina que no existen las posesiones». Dejemos al propio Lennon explicárnoslo: «Antirreligiosa, antinacionalista, anticonvencional, anticapitalista» (Lennon in America, Geoffrey Giuliano, Chrysalis Books, 2001).

Rolex, Rolls y negritud

Música disco y punk trastornan el mundo a mediados de los setenta junto con el soul sofisticado de los jóvenes afroamericanos. Barry White es uno de ellos. Pero la exhibición de su Rolex, sus joyas y las llaves de su Rolls Royce sobre el platino de sus discos (White Gold, 20th Century Records, 1974) despertaba el asco y el desprecio tanto de los finolis como de los progres puritanos. Revisemos de nuevo la historia: White nació en 1944 y la Proclamación de Emancipación de Abraham Lincoln se dictó en 1863. O sea: sus abuelos y bisabuelos conocieron la esclavitud. Él mismo procede de una familia pobre y desestructurada y llegó a cumplir cuatro meses de condena por robo. Cuando su talento musical le convierte en rico y famoso, sus joyas, coches y pieles son una reivindicación de igualdad y negritud en una sociedad racista e injusta. Y también de su progreso personal como individuo marginal que llega al éxito artístico y social.

Anarquía en el Reino Unido

La aparición del punk en la misma década se relaciona con la crisis por la subida del precio del petróleo en 1973. Adolescentes cínicos y desilusionados deciden hacer su propia música como saben y pueden. Irrumpen en los escenarios, en la televisión y en los periódicos. La idea era expresarse, provocar e intentar escapar de la cola del paro. La infinidad de pequeños clubes de música existente en el Reino Unido les permitió actuar continuadamente y desarrollar su estilo y sonoridades junto con la habilidad técnica necesaria para su música sencilla y directa. Nada que ver con la insolencia de la primera hornada de punks made in Spain jactándose de ser «no-músicos».

Gente del arte y la cultura

Terminamos con un tópico local. Se dice que los jóvenes de la Movida eran de clase alta y de familias adineradas y no era exactamente así: eran hijos de gente del arte y la cultura. De poetas, pintores, libreros, editores, guionistas y directores (no sólo Berlanga), escritores, modistos, dibujantes, actores o cantantes profesionales. Como ejemplo, los padres de Servando Carballar (Biovac N de Aviador Dro) eran marionetistas especializados en teatro medieval que obtuvieron becas universitarias y acompañaron a Camilo José Cela en su segundo viaje a la Alcarria. Nada de esto les convirtió en ricos y famosos en tiempos de una dictadura militar que asesinó a poetas y maestros y condenó al exilio a pintores y científicos.


Fe de errores: La base militar estadounidense está en Rota (en la provincia de Cádiz) y no en Ronda (localidad de Málaga), como aparecía inicialmente en este artículo.

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Comentarios
  1. Pedro dice:
    03/05/2025 a las 18:36

    En Ronda no había ni hay base naval americana…en Rota, sí…

    Responder

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